En nuestra cultura prevalecen las historias herteronormativas y con final feliz, lamentablemente así nos educaron. Nos pasamos la vida buscando a esa pareja que cubra el perfil de nuestra media naranja porque desde nuestra infancia las princesas soñaban con ser grandes y conquistar el amor de su príncipe azul, porque éste no podía ser rosa y mucho menos princesa. En una carrera de lograr la vida perfecta, convenciéndonos de estar viviendo estereotipos sociales como intentar oportunidades (el enamoramiento) y sobrevivir a los fracasos (las rupturas), vamos coleccionando relaciones y experiencias sin aprender mucho del secreto del amor.

Llegamos a la vida adulta, muy probablemente a la madurez emocional y sentimos que, la pareja que tenemos no es lo suficientemente buena o sentimos que falta más por vivir. En el mejor de los casos generamos caos o en el peor caemos en la zona de confort y nos conformamos con lo que vivimos atribuyéndole a la infelicidad un sin número de justificaciones externas, difícilmente asumiendo las responsabilidades.

El caos (la etapa en donde te das cuenta de que no has valorado tus experiencias, deseas más y no sabes que depara el futuro) definitivamente es lo mejor que te puede pasar, en cuanto te das cuenta de que eres una persona adulta y no logras sentir la felicidad y el bienestar en tu vida erótica y sexual. El caos te invita a realizar introspección y análisis de las metas o deseos, la evaluación de los recursos -incluidos los emocionales-, te obliga a plantear una estrategia y a establecer fechas para alcanzarlas. Comienzas a ver “el vaso medio lleno” y aprendes que lo pasado sirvió para saber que sí y que no te gusta en la vida erótica y sexual. Te informas y te educas hacia los diferentes estilos de llevar una vida en pareja. Concibes las relaciones desde un enfoque maduro y congruente con lo que se desea no con lo que la sociedad determina, en donde se disfruta la compañía y se comparte el camino.  Bajando las exigencias y reproches hacia la pareja e incrementando en conductas propositivas y acciones de tu parte que se dirigen al cumplimiento de las metas u objetivos (que por lo general son deseos, experiencias y fantasías).

Como has podido darte cuenta en la lectura, realmente estamos bastante influenciados por el mito del -Amor Romántico- que detiene nuestro desarrollo personal en el rol que ejercemos en la pareja y el desarrollo de la relación de pareja por sí misma, dado que al momento de emparejarnos otorgamos a la otra persona la responsabilidad de satisfacernos. Generando una relación estancada en la zona de confort, en algunos casos por el conformismo y los estereotipos sociales.

Te invito a evaluar el tipo de relación que tienes con tu pareja, a reconocer los aspectos que TU puedes mejorar y empleando la comunicación asertiva, invita a tu pareja a vivir en una simbiosis, no sólo en aspectos de la rutina y economía, sino también en la vida erótica y sexual, donde la complicidad y la diversión son elementos favorables para las sensaciones de una ¡Sexualidad Placentera!.